miércoles, 15 de febrero de 2012

EL DESAPEGO.

La vida esta llena de lecciones, de pruebas, de aprendizajes, quizás, de los más duros sean el desapego. El desapego puede manifestarse de varias formas.
Podría ser una relación difícil, con imposibilidad de aproximación física, cuando nuestro mejor amigo de la infancia decide mudarse a otra ciudad buscando su porvenir, cuando nuestros hijos abandonan el hogar para crear el suyo propio, o cuando un ser querido abandona este mundo definitivamente.
Nunca es fácil enfrentarse a esta lección, no es fácil decir adiós, siempre, dentro de nuestra mente humana y materialista, intentamos por todos los medios aferrarnos a la rutina. Los cambios nos aterran, en cuanto vemos que una situación jamás volverá a ser igual nos rodea la inseguridad, nos embriaga el temor a lo desconocido.
La mentalidad occidental nos impide ver la muerte como algo natural, como un tránsito más de la propia vida.


No somos seres humanos que tenemos una experiencia
espiritual; somos seres espirituales
que tenemos una experiencia humana.
Pierre Teilhard de Chardin.

Imaginemos por un momento que la vida es más que el tránsito físico.
Somos un cuerpo de energía, libre, emocional y pensante. Esta energía decide nacer en un cuerpo físico, para ello acepta un número de aprendizajes, para evolucionar como Ser. Al venir al mundo nacemos con una venda, somos energías espirituales que tenemos una vivencia mundana, sin recuerdos, nos separamos de la Unidad, de la Luz.
Durante gran parte de esta experiencia nos sentimos solos, desorientados, perdidos en la vastedad del Universo, nos mezclamos unos con otros, cada cual lo hace lo mejor que sabe, algunos ni piensan en las consecuencias. Vagamos a veces en las tinieblas de la ignorancia y el miedo. Tenemos que ir despojándonos de capas mundanas, una tras otra.
Antes de nacer ya hay trazado un plan, ya está escrito todo cuanto va a acaecer en nuestras vidas, en árabe hay una palabra que lo expresa a la perfección, Maktub, lo que está escrito.
Una vez que hemos cumplido nuestra “misión” terrenal, abandonamos el cuerpo para seguir avanzando, con otras lecciones quizás, en otras dimensiones, o en otros cuerpo volviendo a nacer.
Cuando un ser querido abandona su vida física es por que ya acabó aquí, en esta vida, con este cuerpo su “misión divina”. Es entonces cuando debe retornar a la Luz, Unirse al Cosmos, a Dios.
Cuando aun somos seres encarnados, poseemos una serie de emociones: pasión, celos, inseguridad, temor, sin olvidar el dolor físico. En este momento, en el momento de quitarnos la envoltura, el abrigo al que hemos llamado cuerpo, que hemos pensado que eramos nosotros, todo cambia de perspectiva.
Al principio hay una evaluación de nuestros aprendizajes, comprobamos si cumplimos nuestras metas, en que fallamos, que aprendimos, cuanto amamos.... Aun estamos muy apegados a nuestra vida física, y nuestros familiares, tal vez sea nuestra última prueba del desapego.


La muerte no es el fin, es el comienzo
de una nueva forma de comunicación donde
los pensamientos son más importantes
que las palabras.
Elías Benzadon.


Los que nos quedamos aquí es porque aún no cumplimos con nuestra labor aquí, en esta vida. Es duro despedirse de un ser querido, pero la muerte no es el final, es solo una etapa más de esta aventura llamada vida.
No debemos guardar rencores ni culpas, ya que eso es percibido en la otra forma, por nuestros seres queridos, y ellos se resienten al sentir nuestro dolor. Lo mejor es, si quedó alguna cuenta pendiente: Visualizamos que estamos frente a la persona, hablamos desde el corazón, solucionando aquella cuenta pendiente, siempre con amor, perdonando, y perdonándonos a nosotros mismos por los errores cometidos. Le damos un abrazo, salido desde lo más profundo del alma, de nuestro ser.
Otras veces culpamos a quien se ha ido por habernos abandonado, debemos comprender que su labor aquí acabó, que quizá yo deba aprender a vivir sola, a tomar decisiones sin el consejo que antes tenía. No debemos dejar que el rencor arraigue en nuestra alma cuando un ser querido abandona la vida física. Hacemos como en el ejercicio anterior, le decimos de corazón que comprendemos y aceptamos su partida, le deseamos que vaya con Amor a la Luz, desde lo más profundo de nuestro ser.



La energía ni se crea
ni se destruye,
se transforma.
Albert Einsein.


La muerte es el final de un ciclo, pero no el final. Ahora hemos abandonado la envoltura de piel, y somos energía, la mayoría de las veces nos quedamos un tiempo cerca de nuestros seres queridos, bien para protegerlos, para guiarlos, o para poder acabar alguna cuenta pendiente. Recibimos el amor, el dolor, las dudas, las necesidades de nuestros seres queridos.
Lo ideal sería que solo percibiéramos amor, alegría. Cuando se acuerden de nosotros que percibamos cuanto amor dejamos en las personas a las que hemos amado, que recuerden cuanto disfrutamos, que felices fuimos nos contagia de una felicidad asombrosa, nuestras energía se elevan y brillan en todo su esplendor. Al pasar un periodo de aprendizaje, de custodiar a nuestros allegados, entonces avanzamos un paso más, quien sabe si a nacer de nuevo, en otro cuerpo, para así continuar su aprendizaje como Ser.



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