Es curioso que a pesar del caos que nos ha generado la crisis, a pesar de las deudas de miles de familias, la angustia y la impotencia que están sufriendo, cuando vienen a mi casa, su única preocupación es el amor.
No nos importan las facturas, las deudas, ni las necesidades. El hueco que tenemos en nuestra alma es esa necesidad imperiosa de vivir el amor intensamente.
Matrimonios estables de varias décadas están rompiéndose a un ritmo vertiginoso. Personas estables están abandonándolo todo para seguir sueños difusos con su príncipe o princesa particular. Homosexuales buscando relaciones heterosexuales, heterosexuales que son homosexuales, aquel amigo de la infancia que te regalaba margaritas en el patio del colegio. Ese-a chico-a muchísimo más joven-mayor. esa relación incomprensible, abstracta, esa relación caótica, amoral!! ¿Quién dice que el amor, esa emoción tan hermosa y desinteresada sea amoral?
Estamos en un movimiento energético en el cual el alma, nuestro ser nos pide precisamente eso, el sacrifico extremo por amor, la entrega total y desinteresada, el dejar de pensar en el que dirán y pensar más en que deseo y necesito. Luchamos por la búsqueda y unión con nuestros completos.
El amor es la energía que nos hace reaccionar, nos hace sentir vivos y nos mueve, nos transmuta. El amor es el puente que nos lleva a la divinidad y a la unión. Nos lleva a nosotros mismos, a vernos tal y como somos, imperfectos en nuestras imperfecciones. Nos hace madurar en la juventud, y nos vuelve niños en la madurez, como decía el escritor...
En estos momentos de crisis ama, ama intensamente, hasta la locura, hasta la saciedad, ama sin pedir, sin mirar, sin intentar cambiar, ama al opuesto, ama al que te ama y al que te odia, ama hasta que su fuego te consuma, porque al final lo que queda en la vida es el amor.
I.

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